Caterina de Cardona (F 28,21-36)

[21] Paréçeme no será cosa oçiosa tratar aquí algo de su vida y por los términos que nuestro Señor quiso se fundase allí este monesterio [i.e. Villanueva de la Jara], que tanto provecho á sido para muchas almas de los lugares de el rrededor, según soy ynformada; y para que viendo la penitençia de esta santa, veáys, mis hermanas, quán atrás quedamos nosotras, y os esforçéys para de nuevo servir a nuestro Señor; pues no ay por qué seamos para menos, pues no venimos de jente tan delicada y noble; que aunque esto no ynporte, dígolo porque avía tenido vida rregalada, conforme a quien era, que venía de los duques de Cardona, y ansí se llamava ella doña Catalina de Cardona. Después de algunas veçes que me escrivió, sólo firmava “la Pecadora”.

[22] De su vida, antes que el Señor la yçiese tan grandes mercedes, dirán los que escrivieren su vida, y más particularmente lo mucho que ay que deçir de ella. Por si no llegare a vuestra notiçia, diré aquí lo que me an dicho algunas personas que la tratavan, dinas de creer.

[23] Estando esta santa entre personas y señores de mucha calidad, sienpre tenía mucha cuenta con su alma y açía penitençia. Creçió tanto el deseo de ella y de yrse adonde sola pudiese goçar de Dios y enplearse en açer penitençia, sin que ninguno la estorvase. Esto tratava con sus confesores y no se lo consentían, que, como está ya el mundo tan puesto en discreçión y casi olvidadas las grandes mercedes que yço Dios a los santos y santas que en los desyertos le sirvieron, no me espanto les pareçiese desatino. Mas como no deja su Magestad de favoreçer a los verdaderos deseos para que se pongan en obra, ordenó que se viniese a confesar con un padre francisco, que llaman fray Francisco de Torres, a quien yo conozco muy bien, y le tengo por santo, y con grande ervor de penitençia y oraçión á muchos años que bive y con artas persecuçiones. Deve bien de saber la merced que Dios açe a los que se esfuerçan a rreçibirlas, y ansí le dijo que no se detuviese, sino que sigiese el llamamiento que su Magestad le açía. No sé yo si fueron éstas las palabras, mas entiéndese, pues luego lo puso por obra.

[24] Descubrióse a un ermitaño que estava en Alcalá, y rrogóle se fuese con ella, sin que jamás lo dijese a ninguna persona. Y aportaron adonde está este monesterio, adonde alló una coveçuela, que apenas cabía. Aquí la dejó. Mas ¡qué amor devía llevar, pues ni tenía cuydado de lo que avía de comer, ni los peligros que le podían suçeder, ni la ynfamia que podía aver quando no pareçiese! ¡Qué borracha devía de yr esta santa alma, enbevida en que ninguno la estorvase de goçar de su Esposo, y qué determinada a no querer más mundo, pues ansí uya de todos sus contentos! […]

[26] Muchas cosas é oydo de la grande aspereça de su vida, y dévese de saber lo menos. Porque en tantos años como estuvo en aquella soledad con tan grandes deseos de açerla, no aviendo quien a ellos le fuese a la mano, terriblemente devía tratar su cuerpo. Diré lo que a ella mesma oyeron algunas personas y las monjas de San Josef de Toledo, adonde ella entró a verlas, y como con hermanas ablava con llaneça, y ansí lo açía con otras personas, porque era grande su sençillez y devíalo ser la umildad. Y como quien tenía entendido que no tenía ninguna cosa de sí, estava muy lejos de vanagloria, y goçávase de deçir las mercedes que Dios la açía para que por ellas fuese alabado y glorificado su nonbre: cosa peligrosa para los que no an llegado a este estado, que, por lo menos, les pareçe alabança propia; anque la llaneça y santa sinpliçidad la devía librar de esto, porque nunca oy ponerle esta falta.

[27] Dijo que avía estado ocho años en aquella cueva, y muchos días pasando con las yervas del canpo y rrayçes; porque, como se le acabaron tres panes que le dejó el que fue con ella, no lo tenía asta que fue por allí un pastorçico. Este la proveya después de pan y arina, que era lo que ella comía: unas tortillas coçidas en la lunbre, y no otra cosa; esto, a terçer día, y es muy çierto, que an los frayles que están allí son testigos, y era ya después que ella estava muy gastada. Algunas veçes la açían comer una sardina, u otras cosas, quando ella fue a procurar cómo açer el monesterio, y antes sentía dano que provecho. Vino nunca lo bevió, que yo aya sabido. Las diçiplinas eran con una gran cadena, y duravan muchas veçes dos oras, y ora y media. Los siliçios tan asperísimos, que me dijo una persona, mujer, que viniendo de rromería se avía quedado a dormir con ella una noche, y échose dormida, y que la vio quitar los siliçios llenos de sangre y linpiarlos. Y más era lo que pasava según ella deçía a estas monjas que é dicho con los demonios, que le apareçían como unos alanos grandes, y se la subían por los onbros, y otras como culebras. Ella no les avía ningún miedo.

[28] Después que yço el monesterio, todavía se yva, y estava y dormía, a su cueva, si no era yr a los ofiçios divinos. Y antes que se yçiese, yva a misa a un monesterio de merçenarios, que está un quarto de legua, y algunas veçes de rrodillas. Su vestido era buriel y túnica de sayal, y de manera echo que pensavan era onbre. Después de estos años que aquí estuvo tan a solas, quiso el Señor se divulgase, y començaron a tener tanta devoçión con ella, que no se podía valer de la jente. A todos ablava con mucha caridad y amor. Mientras más yva el tienpo, mayor concurso de gente acudía; y quien la podía ablar, no pensava tenía poco. Ella estava tan cansada de esto, que deçía la tenían muerta. Venía día estar todo el canpo lleno de carros casi. Después que estuvieron allí los frayles, no tenían otro rremedio sino levantarla en alto para que les echase la bendiçión, y con eso se libravan. Después de los ocho años que estuvo en la cueva, que ya era mayor, porque se la avían echo los que allí yvan, diole una enfermedad muy grande, que pensó morirse, y todo lo pasava en aquella cueva.

[29] Començó a tener deseos de que uviese allí un monesterio de frayles, y con éste estuvo algún tienpo no sabiendo de qué orden le aría; y estando una vez rreçando a un cruçifijo que sienpre traya consigo, le mostró nuestro Señor una capa blanca, y entendió que fuese de los descalços carmelitas, y nunca avía venido a su notiçia que los avía en el mundo. Entoçes estavan echos solos dos monesterios, el de Mançera y Pastrana. Devíase después de esto de ynformar, y como supo que le avía en Pastrana y ella tenía mucha amistad con la prinçesa de Évuli, de tienpos pasados, mujer del prínçipe Rruy Gómez, cuya era Pastrana, partióse para allá a procurar cómo açer este monesterio, que ella tanto deseava.

[30] Allí, en el monesterio de Pastrana, en la ylesia de San Pedro que ansí se llama tomó el ábito de nuestra Señora; anque no con yntento de ser monja ni provesar, que nunca a ser monja se ynclinó, como el Señor la llevava por otro camino; pareçíale le quitaran por obediencia sus yntentos de aspereças y soledad. Estando presentes todos los frayles, rreçibió el ábito de nuestra Señora del Carmen. […]

[33] En la corte y otras partes le dieron para poder açer su monesterio y, llevando liçençia, se fundó. Yçose la yglesia adonde era su cueva, y a ella le yçieron otra desviada, adonde tenía un sepulcro de bulto y se estava noche y día lo más del tienpo. Duróle poco, que no bivió sino cerca de çinco años y medio después que tuvo allí el monesterio, que con la vida tan áspera que açía, an lo que avía bivido pareçía sobrenatural. Su muerte fue año de M y D y LXXVII, a lo que aora me pareçe. Yçiéronle<s> las onrras con grandísima solenidad; porque un cavallero que llaman don Juan de León tenía gran devoçión con ella, y puso en esto mucho. Está aora enterrada en depósito en una capilla de nuestra Señora, de quien ella era en estremo devota, asta açer mayor yglesia de la que tienen, para poner su bendito cuerpo como es rraçón. […]

[35] Íçonos allí mucha caridad. Diéronnos de lo que tenían en la ylesia, para la que yvamos a fundar, que, como esta santa era querida de tantas personas prinçipales, estava bien proveyda de ornamentos. Yo me consolé muy mucho lo que allí estuve, anque con arta confusión, y me dura; porque vía que la que avía echo allí la penitençia tan áspera era mujer como yo, y más delicada, por ser quien era y no tan gran pecadora como yo soy; que en esto, de la una a la otra no se sufre conparaçión, y é rreçibido muy mayores mercedes de nuestro Señor de muchas maneras, y no me tener ya en el ynfierno, según mis grandes pecados, es grandísima. Sólo el deseo de rremedarla, si pudiera, me consolava, mas no mucho; porque toda mi vida se me á ydo en deseos y las obras no las ago. Válgame la misericordia de Dios, en quien yo é confiado sienpre por su Yjo sacratísimo y la Virjen nuestra Señora, cuyo ábito por la bondad del Señor trayo.

[36] Acabando de comulgar un día en aquella santa yglesia, me dio un rrecojimiento muy grande con una suspensión que me enajenó. En ella se me rrepresentó esta santa mujer por visión ynteletual, como cuerpo glorificado, y algunos ánjeles con ella. Díjome que no me cansase, sino que procurase yr adelante en estas fundaçiones. Entiendo yo, anque no lo señaló, que ella me ayudava delante de Dios. Tanbién me dijo otra cosa que no ay para qué la escrivir. Yo quedé arto consolada y con deseo de trabajar. Y espero en la bondad del Señor, que con tan buen ayuda como estas oraçiones, podré servirle en algo. Veys aquí, hermanas mías, cómo ya acabaron estos trabajos, y la gloria que tiene será sin fin. Esforçémonos aora, por amor de nuestro Señor, a sigir esta hermana nuestra. Aborreçiéndonos a nosotras mesmas, como ella se aborreçió, acabaremos nuestra jornada, pues se anda con tanta brevedad y se acaba todo.


caterinaSANTA TERESA DE JESÚS, Libro de las fundaciones: Autógrafo de la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ed. Tomás Álvarez, Burgos: Patrimonio Nacional; Monte Carmelo, 2003,  I i II, pp. 204-210.
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