La vida somni (Vida 40,21-22)

[21] Otras vezes estoy de manera que ni siento bivir ni me parece he gana de morir, sino con una tibieza y escuridad en todo, como he dicho que tengo muchas vezes, de grandes trabajos, y con aver querido el Señor se sepan en público estas mercedes que su Magestad me haze, como me lo dixo algunos años ha que lo avían de ser, que me fatigué yo harto, y aora no he passado poco, como vuesa merced sabe, porque cada uno lo toma como le parece; consuelo me ha sido no ser por mi culpa. Porque en no lo dezir sino a mis confessores o a personas que sabía de ellos lo sabían, he tenido gran aviso y estremo; y no por humildad, sino porque, como he dicho, aun a los mismos confessores me dava pena dezirlo. Aora ya, gloria a Dios, aunque mucho me murmuran, y con buen zelo, y otros temen tratar conmigo y aun confessarme, y otros me dizen hartas cosas, como entiendo que por este medio ha querido el Señor remediar muchas almas –porque lo he visto claro y me acuerdo de lo mucho que por una sola passara el Señor–, muy poco se me da de todo. No sé si es parte para esto averme su Magestad metido en este rinconcito tan cerrado, y adonde ya, como cosa muerta, pensé no uviera más memoria de mí. Mas no ha sido tanto como yo quisiera, que forçado he de hablar a algunas personas. Mas, como no estoy adonde me vean, parece ya fue el Señor servido echarme a un puerto, que espero en su Magestad será seguro, [22] por estar ya fuera de mundo y entre poca y santa companía. Miro como desde lo alto y dáseme ya bien poco de que digan, ni se sepa. En más ternía se aprovechasse un tantico un alma que todo lo que de mí se puede dezir. Que después que estoy aquí, ha sido el Señor servido que todos mis desseos paren en esto; y hame dado una manera de sueño en la vida, que casi siempre parece estoy soñando lo que veo; ni contento ni pena, que sea mucha, no la veo en mí. Si alguna me dan algunas cosas, passa con tanta brevedad que yo me maravillo, y dexa el sentimiento como una cosa que soñó. Y esto es entera verdad, que aunque después yo quiera holgarme de aquel contento o pesarme de aquellas penas, no es en mi mano, sino como lo sería a una persona discreta tener pena o gloria de un sueño que soñó. Porque ya mi alma la despertó el Señor de aquello que, por no estar yo mortificada ni muerta a las cosas del mundo, me avía hecho sentimiento, y no quiere su Magestad que se torne a cegar.


TLa vida de la madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma […], dins Los libros de la madre Teresa de Jesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla, Barcelona: Jaume Cendrat, 1588, ff. 460 [sic per 461]-462.
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