L’amistat espiritual (Vida 34,15-17)

[15] Una cosa quiero dezir aora aquí. Estava yo una vez con él [i.e. García de Toledo] en un locutorio, y era tanto el amor que mi alma y espíritu entendía que ardía en el suyo que me tenía a mí casi absorta, porque considerava las grandezas de Dios en quán poco tiempo avía subido un alma a tan gran estado. Hazíame gran confusión, porque le veya con tanta humildad escuchar lo que yo le dezía en algunas cosas de oración, como yo tenía poca de tratar ansí con personas semejantes. Devíamelo suffrir el Señor por el gran desseo que yo tenía de verle muy adelante. Hazíame tanto provecho estar con él que parece dexava en mi ánima puesto nuevo fuego para dessear servir al Señor de principio.

¡O Jesús, qué haze un alma abrasada en vuestro amor! ¡Cómo la avíamos de estimar en mucho y suplicar al Señor la dexasse en esta vida! Quien tiene el mismo amor, tras estas almas se avía de andar si pudiesse.

[16] Gran cosa es a un enfermo hallar otro herido de aquel mal; mucho se consuela de ver que no es solo; mucho se ayudan a padecer y aun a mercé [sic per merecer]. Excelentes espaldas se hazen la gente determinada a arriscar mil vidas por Dios y dessean que se les offrezca en qué perderlas. Son como los soldados que, por ganar el despojo y hazerse con él ricos, dessean que aya guerras; tienen entendido no lo pueden ser sino por aquí; es este su officio, el trabajar. ¡O gran cosa es adonde el Señor da luz de entender lo mucho que se gana en padecer por Él! No se entiende esto bien hasta que se dexa todo, porque quien en ello se está, señal es que lo tiene en algo; pues si lo tiene en algo, forçado le ha de pesar de dexallo, y ya va imperfeto todo y perdido. Bien viene aquí, que es perdido quien tras perdido anda. ¿Y qué más perdición, qué más ceguedad, qué más desventura que tener en mucho lo que no es nada?

[17] Pues, tornando a lo que dezía, estando yo en grandíssimo gozo mirando aquel alma, que me parece quería el Señor viesse claro los thesoros que avía puesto en ella, y viendo la merced que me avía hecho en que fuesse por medio mío, hallándome indigna de ella, en mucho más tenía yo las mercedes que el Señor le avía hecho y más a mi qüenta las tomava que si fuera a mí, y alabava mucho al Señor de ver que su Magestad yva cumpliendo mis desseos y avía oydo mi oración, que era despertasse el Señor personas semejantes. Estando ya mi alma que no podía suffrir en sí tanto gozo, salió de sí y perdióse para más ganar. Perdió las consideraciones, y de oyr aquella lengua divina en que parece hablava el Espíritu Santo, diome un gran arrobamiento que me hizo casi perder el sentido, aunque duró poco tiempo. Vi a Christo con grandíssima magestad y gloria, mostrando gran contento de lo que allí passa; y ansí me lo dixo, y quiso que viesse claro que a semejantes pláticas siempre se hallava presente y lo mucho que se sirve en que assí se deleyten en hablar en Él.


TLa vida de la madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma […], dins Los libros de la madre Teresa de Jesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla, Barcelona: Jaume Cendrat, 1588, ff. 408-409v.
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