“A les figues que, per manament de son confessor, feia a Crist” (Vida 29,5-6)

[5] Como las visiones fueron creciendo, uno de ellos que antes me ayudava (que era con quien me confessava algunas vezes que no podía el ministro), començó a dezir que claro era demonio. Mándanme que, ya que no avía remedio de resistir, que siempre me santiguasse quando alguna visión viesse, y diesse higas, porque tuviesse por cierto era demonio, y con esto no vernía; y que no uviesse miedo, que Dios me guardaría y me lo quitaría. A mí me era esto gran pena; porque, como yo no podía creer sino que era Dios, era cosa terrible para mí. Y tampoco podía, como he dicho, dessear se me quitasse; mas, en fin, hazía quanto me mandavan. Suplicava mucho a Dios me librasse de ser engañada. Esto siempre lo hazía y con hartas lágrimas, y a san Pedro y a san Pablo, que me dixo el Señor, como fue la primera vez que me apareció en su día, que ellos me guardarían que no fuesse engañada; y ansí muchas vezes los veya al lado yzquierdo muy claramente, aunque no con visión imaginaria. Eran estos gloriosos santos muy mis señores.

[6] Dávame este dar higas grandíssima pena quando vía esta visión del Señor; porque quando yo le vía presente, si me hizieran pedaços, no pudiera yo creer que era demonio, y ansí era un género de penitencia grande para mí. Y, por no andar tanto santiguándome, tomava una cruz en la mano. Esto hazía casi siempre; las higas, no tan continuo, porque sentía mucho. Acordávame de las injurias que le avían hecho los judíos, y suplicávale me perdonasse, pues yo lo hazía por obedecer al que tenía en su lugar, y que no me culpasse, pues eran los ministros que Él tenía puestos en su Yglesia. Dezíame que no se me diesse nada, que bien hazía en obedecer, mas que Él haría que se entendiesse la verdad. Quando me quitavan la oración, me pareció se avía enojado. Díxome que les dixesse que ya aquello era tirannía. Dávame causas para que entendiesse que no era demonio. Alguna diré después.


TLa vida de la madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma […], dins Los libros de la madre Teresa de Jesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla, Barcelona: Jaume Cendrat, 1588, ff. 364-364v.
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