De Déu o del dimoni (Vida 23,1-4)

[1] Quiero aora tornar adonde dexé mi vida, que me he detenido, creo, más de lo que me avía de detener, porque se entienda mejor lo que está por venir. Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva. La de hasta aquí era mía. La que he vivido desde que comencé a declarar estas cosas de oración, es que bivía Dios en mí, a lo que me parecía; porque entiendo yo era impossible salir en tan poco tiempo de tan malas costumbres y obras. Sea el Señor alabado que me libró de mí.

[2] Pues començando a quitar ocasiones y a darme más a la oración, començó el Señor a hazerme las mercedes, como quien desseava, a lo que pareció, que yo las quisiesse reçebir. Començó su Magestad a darme muy de ordinario oración de quietud, y muchas vezes de unión, que durava mucho rato. Yo, como en estos tiempos avían acaecido grandes illusiones en mugeres y engaños que les avía hecho el demonio, comencé a temer, como era tan grande el deleyte y suavidad que sentía, y muchas vezes sin poderlo escusar, puesto que vía en mí por otra parte una grandíssima seguridad que era Dios, en especial quando estava en la oración, y vía que quedava de allí muy mejorada y con más fortaleza. Mas en distrayéndome un poco, tornava a temer y a pensar si querría el demonio, haziéndome entender que era bueno, suspender el entendimiento para quitarme la oración mental y que no pudiesse pensar en la Passión ni aprovecharme del entendimiento, que me parecía a mí mayor pérdida, como no lo entendía.

[3] Mas como su Magestad quería ya darme luz para que no le offendiesse y conociesse lo mucho que le devía, creció de suerte este miedo, que me hizo buscar con diligencia personas espirituales con quien tratar, que ya tenía noticia de algunos, porque avían venido aquí los de la Compañía de Jesús, a quien yo, sin conocer a ninguno, era muy afficionada de sólo saber el modo que llevavan de vida y oración; mas no me hallava digna de hablarles ni fuerte para obedecerlos, que esto me hazía más temer, porque tratar con ellos y ser la que era hazíaseme cosa rezia.

[4] En esto anduve algún tiempo hasta que ya, con mucha batería que passé en mí y temores, me determiné a tratar con una persona espiritual para preguntarle qué era la oración que yo tenía y que me diesse luz, si yva errada, y hazer todo lo que pudiesse por no offender a Dios. Porque la falta, como he dicho, que veya en mí de fortaleza me hazía estar tan tímida.


TLa vida de la madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma […], dins Los libros de la madre Teresa de Jesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla, Barcelona: Jaume Cendrat, 1588, ff. 124v-125v.
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