Primers temps a l’Encarnación (Vida 4,1-2 i 7)

[1] Acuérdaseme, a todo mi parecer y con verdad, que quando salí de en casa de mi padre no creo será más el sentimiento quando me muera. Porque me parece cada huesso se me apartava por sí, que, como no avía amor de Dios que quitasse el amor del padre y parientes, era todo haziéndome una fuerça tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para yr adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra.

[2] En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hazen fuerça para servirle, la qual nadie no entendía de mí, sino grandíssima voluntad. A la hora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca jamás me faltó hasta oy, y mudó Dios la sequedad que tenía mi alma en grandíssima ternura. Dávanme deleyte todas las cosas de la religión, y es verdad que andava algunas vezes barriendo en horas que yo solía occupar en mi regalo y gala, y acordándoseme que estava libre de aquello, me dava un nuevo gozo, que yo me espantava y no podía entender por dónde venía […].

[7] Quando iva, me dio aquel tío mío que tengo dicho que estava en el camino, un libro. Llámase Tercer abecedario, que trata de enseñar oración de recogimiento; y puesto que este primer año avía leydo buenos libros (que no quise más usar de otros, porque ya entendía el daño que me avían hecho), no sabía cómo proceder en oración ni cómo recogerme, y ansí holguéme mucho con él y determinéme a seguir aquel camino con todas mis fuerças. Y como ya el Señor me havía dado don de lágrimas y gustava de leer, comencé a tener ratos de soledad y a confessarme a menudo y començar aquel camino, teniendo aquel libro por maestro. Porque yo no hallé maestro, digo confessor, que me entendiesse, aunque le busqué, en veynte años después d’esto que digo, que me hizo harto daño para tornar muchas vezes atrás y aun para del todo perderme; porque todavía me ayudara a salir de las occasiones que tuve para offender a Dios. Començóme su Magestad a hazer tantas mercedes en estos principios, que al fin d’este tiempo que estuve aquí (que eran casi nueve meses en esta soledad, aunque no tan libre de offender a Dios como el libro me dezía, mas por esto passava yo; parecíame casi impossible tanta guarda; teníala de no hazer peccado mortal, y pluguiera a Dios la tuviera siempre; de los veniales hazía poco caso, y esto fue lo que me destruyó) començó el Señor a regalarme tanto por este camino, que me hazía merced de darme oración de quietud, y alguna vez llegava a unión, aunque yo no entendía qué era lo uno ni lo otro y lo mucho que era de preciar, que creo me fuera gran bien entenderlo. Verdad es que durava tan poco esto de unión, que no sé si era Avemaría; mas quedava con unos effectos tan grandes que, con no aver en este tiempo veynte años, me parece traya el mundo debaxo de los pies, y ansí me acuerdo que avía lástima a los que le seguían, aunque fuesse en cosas lícitas. Procurava lo más que podía traer a Jesuchristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente, y ésta era mi manera de oración. Si pensava en algún passo, le representava en lo interior; aunque lo más gastava en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con el entendimiento ni de aprovecharme con la imaginación, que la tengo tan torpe, que aun para pensar y representar en mí como lo procurava traer la humanidad del Señor, nunca acabava. Y aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque si falta la ocupación de la voluntad y el aver en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo y exercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandíssimo combate los pensamientos.


TLa vida de la madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma […], dins Los libros de la madre Teresa de Jesús, fundadora de los monesterios de monjas y frayles carmelitas descalços de la primera regla, Barcelona: Jaume Cendrat, 1588, ff. 10v-14.
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